Elie Buzyn es cirujano jubilado. Tiene 85 años y es superviviente por partida doble: salió con vida de Auschwitz y de la famosa Marcha de la Muerte.
Después de la guerra, dejó Polonia y se instaló en Francia. Unos años después, decidió borrar el tatuaje que no le dejaba olvidar.
Elie Buzyn:
“Estos tatuajes eran, para empezar, un sistema para hacer que la gente perdiese su identidad, para reducirnos a números. Además, se tatuaba en todos los campos, pero en algunos era un sistema antievasión. Para mí este número era como llevar a cuestas la lápida de mis padres. Nadie va por ahí con la lápida de sus abuelos o de sus padres para mostrar que murieron allí. Para mí, simbólicamente era como una lápida, por tanto decidí quitármela, pero a condición de poder conservarla.”
Durante décadas guardó la porción de piel tatuada en su cartera…hasta el día que se la robaron. Estaba tan afectado que incluso pensó en volverse a tatuar.
Elie Buzyn:
“Al principio me lo quité porque no quería llevar