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  • hace 12 años
Cuando vi a Umberto Jara en el megajuicio contra Fujimori, aportando pruebas contra quien fue su ídolo político –soy testigo de su temprano y sincero fujimorismo– lo tomé como una suerte de redención y se lo dije. Beto me replicó que no tenía que redimirse de ninguna falta contra el rigor pues se atuvo a la verdad en las denuncias que ventiló en la peor época de Canal 4, pero que sí había corregido los sesgos del apasionamiento político. En buena hora, en “Ojo por ojo” sobre el Grupo Colina, en “Secretos del túnel” sobre la operación Chavín de Huántar, y ahora en “Morir dos veces”, ejercita el periodismo de largo aliento que ataca un tema, pacientemente, hasta sus últimas consecuencias. Sus revelaciones en torno a Edita Guerrero son pasmosas.

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