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  • hace 9 años
La historia del fútbol mundial se ve repleta de gritos, emociones, alegrías y abrazos que quedaron guardados en la retina de millones de aficionados. Sin embargo, para los argentinos hay uno que se destaca por encima del resto: "el abrazo del alma", ese del que todos se sintieron parte pero del cual solo tres fueron protagonistas.

Ubaldo Fillol y Alberto Tarantini fueron pilares fundamentales del campeonato mundial de 1978 y ante el pitazo final, y consagratorio, se fundieron en un mismo apretón, para desahogarse y gritar campeón por primera vez en la historia, pero el alma de un tercero se filtró sin pedir permiso y convirtió ese abrazo en la emblemática imagen que valió mas que mil palabras.

Una famosa revista deportiva de la época inmortalizó el título "el abrazo del alma" y fue la mejor manera de describir una imagen tan emotiva que nos sigue sensibilizando. Victor Dell´ Aquilla fue el otro protagonista y 38 años después HispanoPost lo encontró en Solano, al sur de la provincia de Buenos Aires, para recapitular esa imagen, su vida y demostrar que el fútbol fue su motor de arranque para una historia signada por la superación.

Con solo 12 años, a 15 metros de altura y bajo los efectos de la descarga de eléctrica de un cable de alta tensión; producto de la curiosidad sumado a la inocencia de niño, la travesura terminó con sus dos brazos carbonizados.

Terapia intensiva, internación, largas intervenciones, recuperación, apoyo psicológico, todo era necesario para hacerle entender a Víctor que la vida debía continuar; pero no fueron los médicos quienes recomendaron el tipo de tratamiento sino que fue el quien eligió al fútbol como terapia indicada.

Una foto, un saludo o una camiseta fueron la dosis justa para que las motivaciones de Víctor se profundicen día a día. Fanático de Boca Juniors pero amante del fútbol y de sus ídolos, hace casi 50 años que acumula todo aquello que lo ayudo a seguir viviendo, pero claro, la bisagra, en esa carrera de aprender a vivir sin sus dos brazos pero cerca de los futbolistas profesionales, fue la de aquella tarde noche del 25 de Junio de 1978.

No tenía sus dos brazos pero su impaciencia, su inocencia y su fuerza de voluntad lo pusieron delante del flash que lo inmortalizó y a pesar que los años pasan y ese joven Víctor hoy ya tiene nietos, su abrazo sigue vigente, porque su abrazo fue con el alma, tal vez porque ese abrazo es el más largo del mundo.

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