00:00Hoy visitamos un puesto de lasaña aquí en la India, donde la batidora industrial es un brazo
00:06bendecido por los dioses. El maestro inicia la preparación en el Gran Caldero, el cráter
00:11sagrado de la diabetes. Aquí el proceso arranca oficialmente con los lingotes de grasa, bloques
00:18amarillos tan puros que el maestro debe consagrarlos con sus manos desnudas, uno por uno, para activar
00:25la bendición aceitosa. La técnica de amasado manual sobre el tazón de piso ayuda a incorporar el sabor
00:31del ambiente. Agregamos el azúcar, directo de un balde de construcción, y los huevos, que por supuesto,
00:38se rompen al nivel del suelo, para más frescura y un toque de tierra. El maestro con una mano atiende
00:44clientes importantes por teléfono y con la otra, pues, continúa la lasaña. La higiene es su principal
00:50llamada. Es hora de los ingredientes secretos. Un saco de gomitas rojas que encontramos en la calle,
00:57unas pasas premium, y lo que parece ser trozos de queso o piña de ayer. Para el color, un toque
01:04de
01:04esencia de vainilla, o quizás aceite de motor, no estoy seguro. Se añade colorante y, finalmente,
01:10la harina. Para convertir esta sopa en una masa decente, el brazo del chef ya pide auxilio. Se
01:17porciona la lasaña con precisión quirúrgica en moldes de aluminio, y listas para el horno de
01:23leña tradicional. Un horno que ha visto guerras, pero sigue horneando, y miren, y así se prepara
01:28la auténtica lasaña india. ¡Buen provecho, valiente! O adiós, quién sabe.
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