Mientras el coliseo habilitado como albergue se inundó y tuvo que evacuarse a mitad de la noche, en las calles de la zona norte los vecinos ya tenían su propia respuesta: ollas que se cocinan entre cuatro casas, colchonetas repartidas a mano y una regla que nadie tuvo que escribir: el que no tiene arroz, trae la sal.