¿Sabías cuál es el país menos visitado de toda Europa?
Escondido entre Rumanía y Ucrania se encuentra Moldavia, un territorio fascinante que ha encontrado su mayor encanto en aquello que los destinos masificados han perdido: su absoluta autenticidad.
Pasear por su capital, Chisináu, es adentrarse en un escenario donde conviven épocas opuestas. Encontrarás desde la estética soviética más cruda —con su imponente circo y gigantescos edificios brutalistas— hasta una energía joven y callejera en plena transformación.
Pero el verdadero tesoro de Moldavia se oculta bajo tierra. A pocos kilómetros de la capital se esconde Cricova, una monumental ciudad subterránea excavada en piedra caliza donde reposan millones de botellas de vino en un silencio eterno, incluyendo auténticas joyas históricas valoradas en miles de euros.
Y si buscas viajar aún más atrás en el tiempo, el país guarda rincones como Transnistria, con sus estatuas de Lenin intactas, o los paisajes remotos de Orheiul Vechi y sus monasterios excavados en la roca.
Un destino insólito, libre de masificaciones, que espera ser descubierto.