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  • hace 14 horas
El Evangelio del XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario nos recuerda que Dios prepara un banquete y sigue invitándonos, pero nuestras ocupaciones pueden hacer que lo dejemos para después.

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Diversión
Transcripción
00:01Nos situamos en el vigésimo octavo domingo del tiempo ordinario, y en el evangelio de
00:06San Mateo Jesús nos presenta la parábola de un rey que prepara un gran banquete de
00:11bodas para su hijo.
00:14Todo está listo, pero los invitados anteponen sus ocupaciones antes que asistir a la boda.
00:21Uno va a su campo, otro atiende su negocio, otros insultan a los servidores del rey.
00:26Entonces el rey manda llamar a todos los que encuentre por los caminos, y entonces la
00:32sala del banquete se llena de convidados.
00:35¿Cuántas veces Dios nos invita a su banquete, y nosotros anteponemos nuestras ocupaciones
00:41diciendo el trabajo, los pendientes, los propios problemas, y sin darnos cuenta vamos dejando
00:47a Dios para después?
00:48Pero Dios no se cansa de llamarnos, sigue invitándonos a participar de su banquete, y el aceptar su
00:55invitación no es abandonar nuestras responsabilidades, sino aprender a vivirlas junto con él.
01:01En la parábola vemos que el rey pide a uno de sus invitados el vestido nupcial.
01:06Ese vestido nupcial se va tejiendo con pequeños actos concretos, una palabra amable, una ayuda
01:12silenciosa, una visita al enfermo, una obra de misericordia.
01:17Recordemos que la salvación es un don gratuito que se nos ofrece a todos, y la invitación al
01:23banquete sigue abierta, no dejemos pasar su invitación, Dios quiere compartir su alegría
01:28con nosotros, respondamos abriendo nuestro corazón a Dios y permitir que su amor transforme nuestra
01:34manera de vivir.

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