En las instalaciones de Valdebebas, tanto en el césped como en los despachos, existe una prioridad absoluta compartida por todos los estamentos del club: recuperar la mejor versión de Vinicius. La necesidad es transversal en la entidad blanca. Lo requiere el propio futbolista, actualmente alejado de la pelea por los galardones individuales; lo necesita un vestuario del que ejerce como núcleo emocional; y lo demanda la directiva del Real Madrid, que apostó firmemente por su continuidad sellando un contrato de 25 millones de euros al año durante seis temporadas. Ante este panorama, José Mourinho se ha situado como capitán general de una misión estratégica para rescatar el máximo nivel del atacante carioca.El cambio de dinámica vivido en las primeras jornadas responde a la preocupación de las altas esferas del Santiago Bernabéu por el rendimiento del internacional brasileño. Aunque su papel en el Mundial gustó y los informes trasladados a través de la buena sintonía con Carlo Ancelotti resultaron positivos para cerrar su ampliación contractual, el arranque del curso ha mostrado a un Vinicius lento, falto de energía y privado de esa chispa característica que le encumbró entre los mejores futbolistas del planeta.Para revertir esta tendencia, Mourinho ha desplegado una intensa estrategia de aproximación. Desde el momento en que se oficializó su llegada al banquillo merengue, una de sus primeras llamadas telefónicas estuvo dirigida a Vinicius, consciente de su peso futbolístico y de su ascendencia sobre el grupo. La comunicación fluida en portugués ha facilitado que ambos mantengan diversas charlas con total naturalidad durante sus primeras semanas de trabajo conjunto. Al igual que ocurriera con Álvaro Arbeloa en el pasado, el técnico luso entendió la importancia de estrechar lazos con el brasileño para conocer sus inquietudes y afianzar la cohesión del plantel.Dentro del vestuario, Vinicius representa el pegamento de la plantilla. Mientras que figuras veteranas como Thibaut Courtois o Antonio Rüdiger ejercen como los 'padres' profesionales encargados de las charlas tácticas, el extremo sudamericano conecta los diferentes subgrupos del equipo. Mantiene un vínculo inmejorable con Jude Bellingham, conserva una buena relación con Kylian Mbappé pese a las habituales discusiones externas sobre su encaje táctico simultáneo, y es uno de los hombres más cercanos a Federico Valverde, primer capitán y con quien comparte mayor antigüedad en la entidad.Esta ascendencia explica por qué la mayoría de los entrenadores madridistas han buscado el entendimiento con el brasileño. La única excepción a esta tónica fue la etapa de Xabi Alonso. Cuando el técnico vasco optó por relegarlo al banquillo, la cúpula directiva consideró que la gestión con el jugador no era la adecuada dado su óptimo rendimiento previo, respaldando al futbolista tras sus protestas.En la actualidad, la intervención de Mourinho ha ido más allá del terreno de juego. En sus conversaciones privadas, el entrenador luso le ha solicitado a Vinicius modificar ciertos hábitos diarios, especialmente aquellos vinculados al descanso y la recuperación en el hogar. El cuerpo técnico observó que quedarse trabajando en Valdebebas hasta altas horas de la noche resultaba menos eficiente que optimizar el reposo domiciliario. De la mano de sus preparadores personales y con la asistencia del staff técnico, se han introducido nuevas pautas de conducta que el jugador ha asumido plenamente para transformar su rendimiento cotidiano.Los primeros frutos de este trabajo coordinado se escenificaron en el duelo frente al Villarreal. Tras celebrar un gol posteriormente anulado, la efusiva carrera de Mourinho por la banda para zarandear a su jugador al grito de «¡Así, caralho!¡Así!» reflejó la complicidad entre ambos. En esa misma jugada, Vinicius besó el escudo y exclamó un «¡Vamos!» cargado de rabia, escenificando el perdón mutuo con una afición que le había dedicado pitos en compromisos anteriores. Apoyando esa reconciliación con la grada, el entrenador portugués resumió públicamente su postura subrayando que «Vini merece ser ayudado. Quiere mucho ser el Vini que ha regalado tantas alegrías al madridismo».