Entre las novedades que trajeron los conquistadores a nuestro continente estaba el caballo.
Andaluces de pura cepa, descendientes de la brava raza berberisca, los primeros especímenes llegaron a América el 24 de noviembre de 1493 y desembarcaron en la Isla la Española (hoy Haití) en el segundo viaje de Cristóbal Colón. En febrero de 1516, dieciséis de estos animales demostraron que su presencia sería esencial para la conquista. Hernán Cortés y sus hombres cruzaron de La Habana a México y, a pesar de ser inferiores en número, vencieron a las huestes del Imperio Azteca que huyeron aterradas al vislumbrar hombres unidos a sus cabalgaduras como un solo y desconocido ser. Pero no todos los caballos vivieron para ser homenajeados: algunos murieron en las batallas, y los indios, luego de descuartizarlos, ofrecieron las herraduras a los dioses.