No voy a recitar contrito eso tan manido de que el pueblo español es sabio, porque no lo es, pero debo reconocer que la gente tiene chispa.
Y prueba de ello ha sido cómo, nada más aparecer en pantalla el funesto doctor Simón y anunciarse que la gestora de la crisis del hantavirus será la inane Mónica García, el personal se ha echado las manos a la cabeza, ha empezado a comprar papel higiénico y se repite como un mantra que con estos, todo lo que pueda salir mal, saldrá mal.
Coincide esto —y no me digan que no es de coña— con un fenómeno fascinante: la metamorfosis del tertuliano de radiotelevisión en experto virológico especializado en ratones.
No es un prodigio novedoso. Sucedió en 2021 con la erupción del volcán de La Palma, cuando los susodichos se convirtieron súbitamente en vulcanólogos, y sucede con casi todo: como estamos bien con Irán o el terrorismo yihadista, sobre el que pontifican desaforadamente paisanos cuya única experiencia sobre el tema es, a lo sumo, la semana de la alfombra persa en El Corte Inglés.
Reseñada la memez, vamos a lo de siempre: la desvergüenza del Gobierno Sánchez.
No trae el MV Hondius a Canarias por humanidad ni por leches. Lo desvía a territorio español y maniobra para transmitir la falsa impresión de que no amenaza un nuevo COVID, porque acaba de quedar en el Tribunal Supremo, visto para sentencia, el juicio a Ábalos, Koldo y cuadrilla socialista. Se ha vuelto urgente que los medios de comunicación se pueblen de siniestros roedores y barcos infectados, en lugar de informar sobre la corrupción del PSOE y el puesto que el marido de Begoña ocupa en el escalafón de mangantes.
Mienten, saben que sabemos que lo hacen y les importa un comino, porque la verdad es un chicle para esta patulea y para la Brunete Pedrete Mediática que engorda a su sombra.
Subiendo para acá, he visto en el diario El País el siguiente titular: «El Congreso, listo para la expulsión temporal de los agitadores ultras Vito Quiles y Bertrand Ndongo».
No he leído la noticia, pero sí he reparado en que firman el aliño los palanganeros Xosé Hermida, Javier Casqueiro y Paula Chouza.
Estos tres cagatintas son miembros destacados de la Asociación de Periodistas Parlamentarios, esa genuflexa APP que en 2022 concedió al entonces ministro José Luis Ábalos el premio a Mejor relación con la prensa.
Quizá convenga destacar que hace un rato, durante el Tiempo de Hablar que he tenido con Ketty Garat, la autora de Todos los hombres de Sánchez me reveló que ese galardón se lo otorgaron al gran putero ocho meses después de que ella destapara la trama y publicara un memorable artículo titulado «Las razones de la caída de Ábalos: Sánchez echó al ministro por su ‘oscura doble vida’».
Cuando el ‘tío de Jessica’ —para quien hoy se piden 24 años de prisión— recogía sonriente, entre fervorosos aplausos, el premio y recibía palmadas en la espalda de los sicarios periodísticos durante una opípara cena en el Hotel Palace de Madrid, Ketty recibía insultos, imprope
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