Compararte con otros opositores es un veneno, sobre todo si tú estudias 2 horas y ves a gente diciendo que hace 6. Te entra el agobio del “factor tiempo”: no te salen las horas del día, curras a turnos, tienes casa, lavadoras, comidas, vida real… y encima sientes que vas tarde. El problema es que esa comparación no te empuja: te bloquea.
La realidad es esta: si tú haces 2–3 horas buenas, y otro hace 6 “sentado” pero a ratos, no siempre gana el que más tiempo mete, sino el que más tiempo efectivo acumula. Y cuando trabajas de tarde, “sumar horas” muchas veces significa “madrugar”… pero llega el jueves, llevas toda la semana cañera, suena el despertador a las 6 y tu cuerpo dice: no. Te sientas a estudiar y son dos horas dando cabezazos. Eso no es estudiar: es sufrir.
La salida es cambiar el objetivo: no compitas en horas, compite en consistencia. Mejor 2 horas enfocadas + repaso/test, que 4 horas agotado. Y si el turno te mata, asume microbloques (30–45 min) y una doble sesión solo en días de más energía. Pregunta directa: ¿tú prefieres medir tu progreso por “horas” o por “temas y tests cerrados” cada semana?
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