Un intenso olor a quemado impregnaba el domingo el centro de París, donde los restos de la violencia del día anterior evidenciaban la magnitud de los disturbios. Coches calcinados, motocicletas y bicicletas quemadas, escaparates destrozados y barricadas reducidas a escombros daban testimonio de los enfrentamientos del 17 de octubre entre las fuerzas antidisturbios y grupos de encapuchados. Un día después, algunos manifestantes volvieron a concentrarse junto a la estatua de la República, vandalizada durante los altercados, mientras gritaban consignas contra la Policía, como «¡ACAB!».Los ayuntamientos de París, Marsella y Lyon reclamaron explicaciones al primer ministro francés, Sébastien Lecornu, por la falta de medios para contener los disturbios. La vicealcaldesa de París, Lamia El Aaraje, aseguró que las fuerzas de seguridad se habían visto desbordadas ante un nivel de violencia sin precedentes. Además, denunció que varios grupos recorrieron calles enteras saqueando establecimientos y destrozando mobiliario urbano, mientras vecinos y comerciantes reclamaban desesperadamente una mayor presencia policial.Más de 1.000 agentes participaron en las labores de limpieza y retirada de escombros en distintos barrios del centro de la capital, especialmente entre la plaza de la República y la puerta de Saint-Martin, donde se registraron algunos de los enfrentamientos más graves. Los incidentes se produjeron al margen de una manifestación pacífica en la que participaron miles de personas.Los disturbios comenzaron alrededor de la una de la tarde, cuando grupos de jóvenes vestidos de negro y con el rostro cubierto protagonizaron diversas provocaciones. La Policía respondió con gases lacrimógenos y cañones de agua, aunque los actos vandálicos pronto se extendieron fuera de control.Las consecuencias económicas también fueron importantes. Según Alexandre Bompard, presidente de la Federación de Comercio y Distribución, alrededor de 1.500 tiendas y establecimientos resultaron dañados en todo el país, muchos de ellos saqueados. El responsable empresarial estimó que las pérdidas económicas podrían alcanzar varios cientos de millones de euros, agravando el impacto de una jornada marcada por la violencia y los daños materiales.